leydelcrokis

ya no se sabe si el mundo va a nuestra velocidad o nosotros a la velocidad del mundo. Y sin consecuencia alguna somos la misma; urbe y gente.

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Tu ventaja fue verme antes

Prepárate el mate sólo, para ver cuánto resiste tu cuerpo la maldad. No me importa la eufórica anomalía social de la soledad agujereada  de suplementos y links. Pobre de ti que me tienes solo a mi, que me importan las zapatillas gastadas, la música, mi bicicleta y las mujeres guapas. Dame la importancia, esa importancia inconclusa, la que una vez nos permitió cruzar la inexistente barrera predicha de lo social, que venía con el slogan de que un día no nos tendremos, tan certero como la hipocrecía metropolitana. No te queda más que pensar en qué será de mi en la ausencia de no tenerte. Me prescribo el consumo como  antojo urbano, como espejo de libertad trizado. Bota todo, vota todo, que al Che ya no le importa porque  ya no existe en nadie y el papa se saca trozos de carnes con un moldadientes de oro.

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Cierta distancia

Es posible que estés en desventaja, porque yo ya llevo tiempo escribiéndote y tu aparición es tan reciente que creo que sé donde estás.

Pero cuando tu pierna se cruza en la mía mientras dormimos la siesta, era capaz de dejar mis letras neutras e insípidas de ti. Entonces, te muerdo parte del muslo con una ternura que resulta en un quejido sonriente. Qué me dices, te pregunte y tu desfiguraste tu onomatopeya sexual; tú!, fue lo que me dijiste. Yo quisiera dejar de escribirte, pero cuando no estás, es la forma más honesta que tengo de tocarte, recorrerte y ensuciarte de mi. Así como tu me ensucias de tus fechorías, tu crimen es tal que nuestra cárcel nos hace retorcernos en moebius; tu inicio es mi fin y mi inicio tu tropiezo hacia mi.

Maltrátame hoy con tus letras, me dijiste  buscando un marcador negro en el escritorio. Te sacaste la ropa, la hiciste descender, llegar al suelo. Fue tan divina esa escena, que solo pudo comenzar con tres puntos suspensivos sobre la planta de su pie.    …moebius sonreía. 

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Retazos. I

Ahí donde vivía. Estaba solo, inquieto por encontrar laburo y a la espera del llamado de un editor.

Fué como un disparo, a quema ropa, pero de frente; tensó la cadena de su bici, arrojo algunas cosas a su mochila y pedaleó. La boca muy seca, se sento bajo un árbol de esos como antes con pasto a su alrededor. Estaba liando un cigarrillo cuando pasa esa nena delgada que le regalo una sonrisa que no reconoció, era la primera vez que veía algo así. Y ya estaba nuevamente sintiendo un disparo a quema ropa, pero ésta vez por la espalda e insituable y palmariamente quedo dispuesto a ella. Lo miraba de reojo con un lenguaje acariciablemente irreconocible, se miraron sin que nadie lo notara mientras pasaban. Era increíble como la urbe se masturbaba.

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Algo de Ella

Con los ojos más pequeños, era más fácil extrañarla. Pero no significaba casi nada, era más bien el pretexto para pretenderla y decirle que estubiece ahí. Parecía que ella, le aparecía siempre por los ojos, es más hasta le molesto verla por primera vez cruzando la calle con Haruki, un amigo delator de la mente. Era elegancia la nena. Klenner, no supo si no mirarla y provocarla con la mirada. Hasta que pensó que era repugnante tener dos ojos si no podía ver, si no solo, la parcialidad. Un pequeño roce rostroso y sólo quería tocarla. Ella sostuvo su mano sobre el hombro de Klenner para contradecirle. Los discursos comienzan su tarea, ella se exponía tanto como él, sólo para provocar y saber quién podía resistir más la insignificante histeria del hablar. Era tan sensual la forma en que ambos jugaban al sensualismo, la seducción sólo la evitaban  con pequeños juegos que terminaban en risas que cosquilleaban los ojos. Con qué naturalidad suponía ella de él.

Ella le pregunto si sabían lo que estaba pasando.

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Varias

Está en en el pogo eso de no creer en dios, pero hasta ese pogo desanima un poco. Pero ahí estaba creyendo por breves segundos en dios, jugando en la metrópolis, planeando mi muerte,  dejándola en manos del oráculo divinamente profanado. Pensaba que dios me había castigado, porque no hay mejor criterio que atribuirle a una causa desagradable, la mano presagiadora de dios, es tan placentero soltar la feca  cuando uno es bebe, que se siente tan alivianador poder joder a dios de esa manera, culparlo para chuparcela. Era el peor castigo, una cosa de carácter ontológico que se deslizaba de la concupiscencia a lo punitivo; no podía ser que solo una nena flaca lo colocase  de esa manera. Dejar a todo el mundo desnudo para que una vez desnuda  no la miren a ella.

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Abigail?

La ha escrito tantas veces, y tantas las veces en que ella camina sobre sus letras, que ya le parece irreal. Que cuando la tomaba por su exéntrica cintura, era una delicia que dura todo un paseo y nuevamente pereces real. Toda nueva, toda seductora, Cómo sabe que ha de caer dispuesto a ella en la más mínima forma de aparecer homologada en un subrepticio para él. Es tan atractivo el Abigail y no sabe qué tan real puede llegar a ser que se llame así. Y sin esa importancia pretenciosa  supone que eso es lo que le puede estar perturbando cuando se desdibujas por la noche y se zurce por la mañana, tratando de anudar bien sus cicatrices. Y no sabe si le preocupa, pero klenner sabe que a Abigail se le pasa por la cabeza que ya no les interesa forzar al amor porque lleva toda su vida torturado de las peores formas y con los peores nombres. Verlo impuesto desde la máquina estatizadora de un socialista argentino que pretende que hasta la revolución del estado te dicte el amor. Ver la calamidad, ese terror tétrico chino de  prohibirte en el nombre todo poderoso de la economía, que no superes los dos hijos. Y hasta ahí llego porque siempre ha estado el Estado. Pero ahí están ellos intentando, amarrando lo ineluctable de querer volver a verse, sin importarles que los vuelva viejos. 

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Silloneando

El cigarro se encendió casi al mismo tiempo que la canción de Polvo “can`i ride”. Eran ya las 7:30 de la mañana.  Lía cantaba desde la cocina algo en catalán. Siempre existía algo extraño entre la cocina y Lia. Nunca le pregunto cómo le gusta el café y él tenía como cuatro preparaciones favoritas de tomarlo e inimaginables formas de beberlo. Ella siempre podía encarar la situación victorios. Klenner!, cómo quieres el café, preguntó Lia. Klenner, acercándose a la cocina, el volumen de la música alejándose, pero jamas desapareciendo, preguntaba a Lia en secreto mientras veía el como aquellas pupilas se dilataban a razón de la distancia…¿Qué me pasa contigo Lia? ¿Qué tengo contigo Lia? ¿Qué te debo a ti? ¿De ninguna de esas preguntas hago todo esto o de estas hago un encuentro? Algo pasado pasa aquí. Algo tengo que hacer de aquí, no hay deuda sin contrato. ¿Te debo a caso lo que tú me debes? O ¿hay que ser colon y acudir o vivir el a-contratiempo? Yo te cubro sólo si tú me dejas, y si me dejas disparar tendré que salvarte. Y si no sé que hacer de tu gesto y tu palabra?. No, no quiero que sea fósil. Autorízame a quererte o la realidad no será real.

Lia con un movimiento centrífugo lograba la hibridación del café, el agua y el azúcar. Klenner abría un cajón, sacaba un cenicero y caminaba a un sillón en la sala de la mano con Lia. Ella y su pelo suelto, su mano abrazando la taza con un desinterés único,  y con la otra acomodaba su cabello que le tapaba el rostro, sus pies descalzos al igual que los de Klenner. Klenner ahogando un cigarro, bebiendo café. Lia encendiendo otro le dice, te contaré nuestra historia. Apoya su cabeza en los muslos del cuerpo de klenner arrojado en el sillón, una leve caricia y Lia le lee. 

Burdo de historia, con un centro y un epicentro tan sencillo, que creoa ratos que la objetividad está más cerca de lo que creemos.Tengo un cuerpo que es pura periferia, tan mundano. Tengo partes del mundo en todo el cuerpo. ¿Cuántas partes tocas del mundo cuando te abrazo? no importa, el relieve se hace torpe si solo es acumulación.Y sí! yo te abrazo con la fuerza de todo un mundo y se nos hace pequeño saber que el mundo no es capaz de sostenernos en un abrazo. Hace falta la falla de un mundo, hace falta la torpeza inesperada del mundo.Chocad! Chocad los mundos! que se incardine tu mundo al mío, que exploten partes, que se generen entradas y salidas que esperan por nosotros. Quiero verte en mi espalda, trepando por mis orejas, sacudiendo mis vellos. Que me broten palabras como hipo, así, tan puramente inesperado de ocasión. Quiero ver al mundo simular que nos entiende. Quiero tu risa desencajada riendo de que no sé reír bien.Hemos rotos ciertas distancias estéticas, nos hemos vuelto tan natural que ya no hay sentido simularnos en un paisaje. Ya existen las bancas, los carros, los botes, los árboles, todo tan impuesto con un mismo nombre, todo. Todo tan des-atado de si, que en medio de esa burocracia del sentir, el desasosiego nos invita a re-anudarnos, porque sabemos que el mundo es el único nombre incierto que nos ata.

Klenner acariciaba el muslo  de Lia, la  estimulaba con su propia fragancia y aquellas páginas que Lia leía, las encontró en el tacho de la basura manchado con vino. Era la letra de Klenner. Lia le tropezó en una sonrisa, las ropas cayeron y el amor transpiro.

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repetir, enunciar el repetir, es redundar en el repetir.

mirar, mirar y observar la forma en que tu extremidades se desenfrenan frente a mi,

oir, pero oir con extremo cuidado aquel sonido que cubre todo otro sonido con su fragancia envuelta de llamas, ese grito que grita!!!

iteración maldita de repeticiones, mal gusto por la ropa, quitártela!

quitártela para poder fraccinar y repetir, quiero repetir en aquel intenso instante de percusiones sobre tu cuerpo,

quiero maltratarte y aniquilarte de la manera que más te resguarde.

quiero enredarte, encabronarte en el encabronarnos.

fumar.

                                                          extractos de ‘secretos’ en klenner

Permalink Escena.  ’no hay tiempo para levantarse’